Cuando la historia vuelve a sonar: Toto y Christoper Cross en Monterrey.
- inherenterock
- 21 dic 2025
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Hay conciertos que se anuncian como “imperdibles” y hay otros que simplemente lo son. No por marketing, no por nostalgia vacía, sino porque reúne algo que no se fabrica: historia viva de la música. La noche del 19 de diciembre de 2025, el Auditorio Banamex fue testigo de uno de esos momentos irrepetibles, cuando Christopher Cross y Toto tomaron el escenario para recordarnos por qué la buena música no envejece, se transforma en memoria.

Llegar con una hora de anticipación fue parte del ritual. Afuera y dentro del venue se escuchaban conversaciones cruzadas entre generaciones: padres explicando canciones a hijos, parejas recordando viajes, amigos discutiendo setlists soñados. Mesas altas, barras listas, cervezas frías y snacks discretos acompañaban un ambiente cargado de expectativa. En cada rostro se notaba lo mismo: la emoción de saber que se está a punto de presenciar algo importante.

Christopher Cross apareció puntual a las 9 en punto, acompañado por sus coristas —elegantes vestidos rosas—, un saxofonista, pianista, guitarrista y baterista que llenaron el recinto con notas cálidas y matices precisos, sin necesidad de grandes pantallas ni artificios tecnológicos. Bastó la música.
Con sombrero gris oscuro y traje negro, Cross se mostró agradecido de volver a México. Compartió que una de sus canciones nació tras un viaje a África, experiencia que describió como transformadora para después escuchar "Never be the Same", "Sailing" llenando el recinto de una sutil atmósfera romántica para continuar con "Arthur´s Theme".
El momento más íntimo llegó cuando tradujo al español “Open Your Window” —“Abro mi ventana”— para cantarla en un delicado dueto con una de sus coristas, gesto que evidenció el respeto y cariño que siente por el público mexicano.

Entre flores rosas, blancas y amarillas, nopales, flamingos y letras luminosas con su nombre, Christopher Cross construyó un preámbulo perfecto para lo que vendría después. Mientras el equipo técnico afinaba detalles durante la media hora previa a Toto, el ambiente se musicalizaba con clásicos como “Hungry Like the Wolf” y “Rebel Yell”, preparando el terreno para un viaje aún más profundo.
El auditorio, completamente sold out, se llenó justo a tiempo. A diferencia de lo ocurrido días antes en el Palacio de los Deportes —donde se vieron obligados a adelantar el horario—, en Monterrey Christopher Cross y Toto pudieron disfrutar plenamente de un público entregado, que ovacionó y cantó cada tema.

La música, ese idioma universal que no necesita traducción, se manifestó con claridad desde el primer acorde. No es una frase hecha: los compases, los ritmos y las frecuencias tienen la capacidad de alinearse con nuestros latidos, de erizar la piel. Pitágoras ya lo sabía cuando afirmaba que la música es matemática pura. Siglos después, la neurociencia lo confirma.
No es casualidad que “Africa” haya sido señalada por análisis científicos —como los citados por Far Out y Gizmodo— como una de las canciones más perfectas jamás compuestas. Su estructura, su armonía y, sobre todo, su capacidad emocional, la convierten en un fenómeno que trasciende generaciones.

Toto inició su recorrido con “Child’s Anthem”, seguido por un setlist impecable: “Carmen”, “Rosanna”, “99”, “Mindfields”, “Pamela”, “I Won’t Hold You Back”, “Georgy Porgy”, “I’ll Be Over You”, “Stop Loving You”, “I’ll Supply the Love”, “Hold the Line” y, como cierre inevitable, “Africa”.
Hablar de Toto es hablar de los músicos de sesión que definieron el sonido del pop y el rock de los años 80. Contratados por gigantes como Michael Jackson y Quincy Jones para Thriller, su influencia es incuestionable. Gran parte del sonido que dominó esa década nació de sus manos.
Formados a finales de los 70 en California, su elegancia sonora del sur del estado no se limitó al soft rock: tocaron hard rock, jazz, soul, R&B. Ganadores del Grammy, responsables de estándares musicales que aún hoy se estudian, crearon himnos que permanecen tatuados en la memoria colectiva.

El nombre Toto —inspirado en el perro de Dorothy en El Mago de Oz— no es casual: hay magia, visión y un constante mirar más allá del camino amarillo. También significa “todo”, y les queda perfecto a músicos que abarcaron todos los géneros, todos los escenarios, todos los tiempos.
La alineación actual ha cambiado, pero Steve Lukather y Joseph Williams mantienen vivo el espíritu original. No es nostalgia: es vigencia.
Esta noche fue una lluvia de clásicos, una presentación épica que confirmó que hay conciertos que no sólo se escuchan: se viven, se recuerdan y se agradecen.
Fotos. Ocesa
Redacción @TintaGris








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